
Las elecciones parlamentarias del 8 de marzo en Colombia produjeron un resultado fragmentado y, una vez más, se destacó una característica persistente de la política colombiana: la alta abstención. Más de la mitad de los votantes elegibles, como es habitual, no acudieron a votar. En este contexto, las elecciones a menudo se deciden no solo por la persuasión, sino también por la capacidad de las campañas para activar y movilizar a sus seguidores de manera efectiva. Aquí es donde la estrategia digital se vuelve decisiva.